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Tobarra

Tobarra se moviliza en contra de las plantas de biogás hasta Navajuelos

Unos 1000 vecinos de Tobarra han participado este 1 de mayo en una ruta senderista y reivindicativa hacia Navajuelos para mostrar su rechazo a la instalación de plantas de biogás en el municipio. La movilización reunió a asociaciones vecinales, colectivos sociales, comunidades de regantes, organizaciones medioambientales, grupos políticos municipales y vecinos de todas las edades, en una imagen de unidad pocas veces vista en el pueblo.

Durante la jornada se leyó un manifiesto en el que se defendía el territorio, el modelo agrícola local y la calidad de vida frente a unos proyectos considerados “injustos, opacos y potencialmente dañinos”. Los asistentes subrayaron que su postura no es contraria a la gestión de residuos ni a las energías renovables, sino al modo en que estas instalaciones se están planteando en el municipio, sin suficiente transparencia ni participación ciudadana.

Riesgos para el agua y la agricultura

Uno de los puntos centrales de la protesta fue la preocupación por el agua y los acuíferos. En el manifiesto se advierte de que la gestión del digestato, residuo generado en estas plantas, podría provocar filtraciones de nitratos y afectar a los recursos hídricos que sostienen la agricultura local y el abastecimiento de agua de más de 8.000 personas.

Los convocantes también alertaron de los posibles efectos sobre la economía y la vida cotidiana del municipio: más tráfico pesado, olores, emisiones, deterioro del entorno, impacto en el turismo, en el valor de las viviendas y en la fijación de población. Según el texto leído, Tobarra no debe convertirse en un “territorio de sacrificio” para asumir residuos procedentes de otros lugares sin una distribución justa de responsabilidades y beneficios.

Un mensaje también desde las familias

La movilización incorporó además un manifiesto impulsado por las AMPAS, en el que madres y padres expresaron su temor a que estas macroplantas afecten al futuro demográfico del pueblo. En ese texto se defendía que un municipio de unos 8.000 habitantes no puede asumir proyectos de gran escala sin medir sus consecuencias sobre la salud, la convivencia y los servicios públicos.

El mensaje de las familias fue especialmente claro: si empeora la calidad de vida, las familias pueden marcharse, caerá la matrícula escolar y peligrarán incluso las aulas y los colegios. El manifiesto infantil reforzó esa idea con un llamamiento emotivo a cuidar el presente para garantizar un futuro en Tobarra, con aire limpio, agua pura y un pueblo vivo en el que merezca la pena crecer.

Reivindicación y demandas

La protesta concluyó con una exigencia directa a las administraciones para que paralicen los proyectos y escuchen a la ciudadanía. Los participantes pidieron al Gobierno regional y a la Consejería de Desarrollo Sostenible que se impliquen de forma real, que acompañen a los ayuntamientos y que no descarguen toda la responsabilidad en informes que, según denuncian, no ofrecen garantías suficientes.

El acto dejó una imagen de unidad vecinal en torno a una idea compartida: Tobarra quiere decidir sobre su futuro y rechaza ser tratada como un lugar donde ubicar lo que otros no quieren cerca de sus casas. El lema que más se repitió resumió el sentir de la jornada: Tobarra no se vende, se defiende.

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